Quiero estar contigo y también tener mi vida: autonomía en la pareja gay

¿Cómo podemos tener vida propia y sentirnos acompañados sin controlarnos?

Quieres irte un fin de semana con tus amigos. Antes de decirlo ya estás preparando la defensa: que lleváis mucho tiempo sin veros, que no vais a hacer nada raro, que puedes llamar por la noche. Todavía no has propuesto el plan y ya parece que necesitas permiso.

Un hombre se prepara para salir mientras se despide de su pareja en casa.

O quizá estás al otro lado. Tu novio anuncia que se va y tú miras la agenda de las últimas semanas: apenas habéis tenido tiempo juntos. Él habla de libertad y tú piensas que siempre te toca conformarte con lo que sobra. En una pareja gay, discutir por los planes separados puede esconder situaciones bastante distintas. Conviene conocerlas antes de decidir que uno es dependiente y el otro egoísta.

Tener vida propia y querer compañía pueden convivir

Autonomía significa poder participar en tu vida y en tus decisiones sin sentirte coaccionado. No exige hacer muchos planes a solas ni necesitar poco a tu pareja. Puedes disfrutar pasando casi todo el fin de semana con él y estar eligiéndolo libremente.

En estudios sobre necesidades psicológicas y relaciones, sentirse conectado y actuar con autonomía se han relacionado con un mejor funcionamiento de pareja. No hay ahí una fórmula sobre cuántas noches debéis pasar separados. Importa también cómo se elige el tiempo compartido (Patrick et al., 2007).

La pregunta puede ser: «¿Puedo decir lo que me apetece sin que eso ponga en duda todo lo nuestro?». Vale para quien quiere irse con sus amigos y para quien quiere pedir más compañía. Ambos necesitan poder hablar. Después habrá que ver qué acuerdos son posibles.

Pasar muchas horas juntos no garantiza sentirse acompañado

Podéis estar todas las tardes en el mismo sofá, cada uno con una pantalla, y disfrutar de ese descanso. También puede pasar que uno lo viva como convivencia suficiente y el otro se sienta solo. No hay una respuesta que sirva para todas las parejas.

Antes de pedir «más tiempo», intenta concretar qué echas de menos. ¿Hacer algún plan elegido por ambos? ¿Conversar sin atender el móvil? ¿Que tu pareja tome la iniciativa de verte? A veces no quieres sumar horas. Quieres dejar de sentir que eres el único que propone.

Y conviene escuchar la respuesta. Quizá tu novio también quiere esos momentos y está agotado. Quizá os cuesta organizaros. O quizá no desea compartir tanto como tú. La terapia no debería dar por hecho que toda distancia se arregla encontrando una actividad bonita.

Cuando salir solo se convierte en una prueba de amor

Puede aparecer una negociación que nunca termina: quién irá, a qué hora vuelves, por qué ese amigo, por qué no puedo acompañarte. Cada respuesta parece traer otra condición. Si el plan acaba siendo tan costoso que renuncias para evitar la discusión, conviene mirar qué está pasando con tu capacidad de elegir.

También hay responsabilidades compartidas que requieren coordinación. Tener autonomía no permite dejar sistemáticamente al otro con todos los cuidados, gastos o tareas. Avisar de un cambio que afecta a ambos es diferente de rendir cuentas de cada movimiento.

Si eres quien se queda preocupado, intenta distinguir entre una necesidad relacional desatendida y el miedo que aparece aunque los acuerdos se estén cumpliendo. Puede que necesites pedir tiempo juntos. Puede que necesites aprender a atravesar una tarde de incertidumbre sin llamar una y otra vez. A veces hacen falta ambas cosas.

Acuerdos que no conviertan el cariño en supervisión

Podéis empezar diciendo qué os gustaría conservar de vuestra vida individual y qué queréis cuidar juntos. Un plan propio no debería anunciarse como una provocación. Una petición de compañía tampoco tiene que llegar envuelta en un reproche.

«Quiero mantener este encuentro con mis amigos y también me apetece reservar un rato contigo. ¿Qué nos encaja?» permite hablar de organización. «Si confiaras en mí no preguntarías nada» puede utilizar la libertad para eludir cualquier consideración hacia el otro. El tono ayuda, pero también cuentan las decisiones que vienen después.

Probad un acuerdo ajustado a vuestra semana, sin fijar por defecto una cuota de planes individuales o de pareja. Después revisad si se ha cumplido y cómo os ha sentado. Si aceptaste para evitar un enfado, es importante poder decirlo. Si uno pide un cambio y el otro no quiere hacerlo, el desacuerdo sigue existiendo aunque la conversación haya sido tranquila.

Si mi pareja tiene otros apoyos yo sigo teniendo un lugar

Que tu novio pueda hablar con un amigo de algo que le preocupa no tiene por qué quitarte importancia. También tú puedes necesitar personas, aficiones y lugares propios. Una relación puede ser muy valiosa sin tener que responder a todas las necesidades de ambos.

Al mismo tiempo, tener una red fuera no obliga a tolerar una relación donde casi no te sientes acompañado. Conviene evitar los dos extremos: exigir serlo todo para el otro y llamar dependencia a cualquier petición de cercanía.

Cómo puede ayudar la terapia de pareja gay

En Querido Amigo Marica podemos revisar situaciones recientes y distinguir coordinación, cuidado, evitación y control. Nos interesa saber qué teme cada uno, qué hace para manejarlo y qué efecto tiene en el otro. Si aparecen ansiedad intensa o comprobaciones persistentes, valoramos también el trabajo individual.

La atención de vínculos está disponible online y presencial en Valencia. Podéis venir sin tener resuelta la cantidad de tiempo que queréis compartir. Precisamente esa diferencia puede ser el comienzo de la conversación.

Referencias

Patrick, H., Knee, C. R., Canevello, A., & Lonsbary, C. (2007). The role of need fulfillment in relationship functioning and well-being: A self-determination theory perspective. Journal of Personality and Social Psychology, 92(3), 434–457. https://doi.org/10.1037/0022-3514.92.3.434

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Un hombre conversa con un psicólogo en una consulta, junto a una mesa con papel y una libreta fucsia

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