Me da miedo que el sexo sin drogas ya no me guste
Puede que lo que más miedo te dé de dejar el chemsex sea lo que viene después en la cama. Volver a besar a un hombre y estar pendiente de si te excitas. Quitarte la ropa sin esa seguridad que sentías cuando consumías. Pensar: «Como ahora no me guste, ¿qué hago?».
Ese temor se puede trabajar. Para empezar conviene concretarlo. ¿Te preocupa no sentir deseo, perder la erección, aburrirte o no atreverte a pedir lo que quieres? Cada una de esas dificultades necesita preguntas distintas. Y ninguna se resuelve obligándote a tener sexo para demostrar que ya estás bien.
Puedes echar de menos cosas que disfrutabas
Tal vez recuerdes una intensidad que te cuesta encontrar ahora. O una facilidad para acercarte, dejarte mirar y decir que sí a algo que deseabas. Reconocerlo no te obliga a volver a consumir. Permite hablar de lo que estás intentando recuperar sin fingir que todo fue horrible.
En entrevistas con hombres que practicaban chemsex aparecían experiencias muy distintas: más desinhibición y placer, pero también dificultades de erección o eyaculación y presión en los encuentros sin sustancias. Esos relatos ayudan a entender la variedad de lo que puede ocurrir. No dibujan un destino sexual inevitable para quien ha consumido (Nimbi et al., 2021).
Puedes preguntarte qué echas de menos exactamente. ¿La sensación física? ¿Sentirte deseado? ¿Poder proponer una práctica sin darle veinte vueltas? Cuanto más concreta sea la respuesta, más fácil será hablar de ella en terapia. «Quiero volver a disfrutar» puede empezar a significar algo tan reconocible como «quiero besarle sin estar evaluándome».
En qué momento el encuentro se convierte en un examen
Imagina que estás a gusto con un chico. Os besáis, te atrae, quieres seguir. Entonces piensas que ya toca penetrar y empiezas a comprobar la erección. Te recolocas, miras su cara, buscas alguna señal de decepción. Hace un momento estabas con él. Ahora estás pendiente de aprobar.

En una situación así interesa localizar el cambio: qué estabais haciendo, qué imaginaste que esperaba y qué hiciste después. Puede haber deseo y, a la vez, mucha presión. Tener una dificultad durante ese encuentro no permite concluir que las drogas sean la única manera de disfrutar.
También hace falta mirar hacia atrás. ¿Antes del chemsex ya había dolor, poco deseo, vergüenza corporal o miedo a no rendir? ¿Disfrutabas más a solas que acompañado? ¿Te gustaban realmente las prácticas que hacías? Si algo ya te costaba, dejar las sustancias no lo resuelve por arte de magia. Merece un trabajo propio, con valoración sanitaria cuando corresponda.
El sexo que quieres no tiene por qué parecerse a una sesión
No estás obligado a reproducir la duración ni el ritmo de aquellos encuentros. Tampoco a cambiar tus gustos por una sexualidad más romántica, monógama o tranquila si eso no va contigo. La pregunta es qué deseas hacer ahora y en qué condiciones puedes elegirlo.
Quizá te apetezca quedar con alguien y decir de antemano: «Quiero ir sin prisa. Si me bloqueo, prefiero que cambiemos de plan». O quizá necesites una temporada sin encuentros. Ambas decisiones pueden hablarse. Lo que conviene evitar es convertir cada acercamiento en una prueba con resultado de éxito o fracaso.
Si aparecen dificultades persistentes de erección, orgasmo o dolor, la consulta puede incluir salud física, medicación, descanso y expectativas sexuales. Lleva la información sobre lo que tomas. No cambies la pauta para rendir más ni intentes arreglar la presión añadiendo sustancias por tu cuenta.
Tener ganas de sexo también puede darte miedo
Hay otra dificultad que a veces cuesta explicar: notas excitación y enseguida te asusta que eso termine llevándote a consumir. Entonces cortas cualquier pensamiento erótico. Te proteges como puedes, pero acabas temiendo también algo que te gustaría disfrutar.
Conviene distinguir qué está ocurriendo. Sentir deseo, recordar una sesión y empezar a buscar contactos para consumir son cosas diferentes. En consulta se puede revisar dónde se unen en tu caso y qué necesitas en ese punto. No hace falta ponerte delante de invitaciones, sustancias o situaciones de riesgo para comprobar si ya puedes resistirlas.
El trabajo sexual necesita tener sitio en la atención al chemsex. En una investigación australiana, algunos participantes explicaban que omitían aspectos sexuales al hablar con profesionales y que eso dificultaba abordar sus objetivos. Poder contar qué te excita, qué temes y qué no te gusta aporta información que se pierde si solo se pregunta por cantidades o frecuencia (Freestone et al., 2025).
Qué merece la pena llevar a la primera consulta
Puedes empezar con tres situaciones: una en la que disfrutaste, otra en la que te bloqueaste y otra en la que apareció la idea de consumir. Basta con describirlas a grandes rasgos. ¿Estabas solo o acompañado? ¿Qué deseabas? ¿Qué cambió? No necesitas traer un diario minucioso ni detalles que te resulte demasiado difícil contar todavía.
Tampoco tienes que esperar a estar completamente seguro de dejar el chemsex. Puedes pedir ayuda porque quieres ampliar tus opciones y te da miedo perder el sexo por el camino. En QAM puedes consultar la atención para chemsex y las dificultades sexuales que estén relacionadas con tu proceso.
Habrá que ir viendo qué funciona para ti, sin ponerle fecha a una recuperación ni exigirte entusiasmo en cada encuentro. Poder parar, pedir algo distinto o decir «hoy no me apetece» también forma parte de volver a decidir sobre tu vida sexual.
Referencias
Freestone, J., Xiao, B. J., Siefried, K. J., Bourne, A., Ezard, N., Maher, L., Stirling, R., Degenhardt, L., Varma, R., Prestage, G., & Hammoud, M. (2025). Exploring experiences of talk therapies among gay and bisexual men seeking to reduce or abstain from using crystal methamphetamine in the context of chemsex. Drug and Alcohol Review, 44(3), 711–722. https://doi.org/10.1111/dar.13999
Nimbi, F. M., Rosati, F., Esposito, R. M., Stuart, D., Simonelli, C., & Tambelli, R. (2021). Sex in chemsex: Sexual response, motivations, and sober sex in a group of Italian men who have sex with men with sexualized drug use. The Journal of Sexual Medicine, 18(12), 1955–1969. https://doi.org/10.1016/j.jsxm.2021.09.013
