Rumiación en hombres gays: darle vueltas a todo

Te metes en la cama y empiezas a repasar todo lo que has dicho

Apagas la luz y recuerdas una frase de la cena. En su momento no pareció importante. Ahora te preguntas si sonó borde. Repasas la cara del chico que tenías enfrente, buscas el instante exacto en que cambió de tema y ensayas lo que tendrías que haber contestado (Boothby et al., 2018).

Son las doce y media. La cena terminó hace horas. Tú sigues allí.

Hombre despierto en la cama bajo una luz cálida, con el teléfono boca abajo sobre la mesita

Hablar de rumiación en hombres gays es hablar, entre otras cosas, de estos ratos en los que una conversación acaba pero el repaso continúa. Puede haber mensajes, citas, trabajo o familia de por medio. El contenido cambia. Lo agotador es volver a lo mismo esperando que una vuelta más te permita dejarlo por fin.

Pensar mucho no siempre es rumiar

Revisar algo que ha ocurrido puede ayudarte a entenderlo, aprender o decidir qué hacer. La rumiación suele describir un pensamiento repetitivo que vuelve sobre el malestar, sus motivos o sus implicaciones sin avanzar de manera útil. La preocupación suele mirar más hacia lo que podría pasar. En la práctica pueden mezclarse.

Por ejemplo, «¿por qué he dicho eso?» puede dar paso a «¿y si ya no quiere verme?». Primero revisas la cena. Después ensayas una conversación futura. Terminas cansado sin saber nada nuevo del otro.

Resolver un problema tiene algo más concreto: delimitar qué ocurre, valorar opciones y elegir un paso. Los recursos del Centre for Clinical Interventions distinguen esta actividad de preocuparse repetidamente. [1] No se trata de contar cuántas veces aparece una idea, sino de mirar qué estás haciendo con ella y adónde te lleva.

Si el repaso te está quitando descanso o concentración, puedes pedir ayuda aunque no sepas llamarlo rumiación. Explicar «me paso horas revisando lo mismo» ya da un punto de partida.

El intento de quedarte tranquilo puede no tener final

Imagina que vuelves a leer una conversación con un hombre que te gusta. Encuentras una frase cariñosa y te calmas. Luego recuerdas que ayer contestó más rápido. Esa diferencia vuelve a abrir la pregunta y empiezas otra vez.

A veces buscamos una certeza que ese mensaje no puede dar. Puedes leerlo muchas veces sin averiguar qué siente alguien, qué hará mañana o cuánto durará una relación. Eso no vuelve absurda tu necesidad de claridad. Ayuda a separar qué puedes preguntar de lo que estás intentando deducir una y otra vez.

La comprobación también puede seguir sin teléfono. Dejas el móvil en la otra habitación y te pones a reconstruir de memoria el orden de los mensajes. Cambiar el sitio del aparato quizá sea útil, pero no cuenta toda la historia de lo que ocurre durante ese rato.

En consulta se puede explorar qué haces justo cuando aparece la duda. ¿Buscas información nueva? ¿Pides una aclaración concreta? ¿O intentas conseguir de nuevo la misma tranquilidad que duró tan poco antes? No hay que responderlo perfecto. Basta con llevar un ejemplo reciente.

A veces hay una conversación pendiente de verdad

No todo se arregla dejando de darle vueltas. Puede haber alguien que evita responder a una pregunta importante, una situación injusta en el trabajo o un comentario de tu familia que te dolió. Ahí quizá necesitas una conversación, un límite o apoyo para decidir.

Supón que has mencionado a tu novio en una comida familiar y nadie ha respondido. Es comprensible que quieras saber qué pasó. Puedes valorar si deseas hablarlo con alguien y si es seguro hacerlo. Pasarte la noche examinando cada gesto, en cambio, no te garantiza una respuesta.

Tampoco tenemos que dar por hecho que ese episodio es el origen de todo. Tal vez rumias sobre muchos asuntos distintos. Ser gay puede explicar el contenido de algunas dudas o experiencias de rechazo, sin convertir cada pensamiento repetitivo en un problema de identidad (Meyer, 2003).

Cómo distinguir una acción posible de otra vuelta

Prueba a formular la pregunta con la que estás atascado. «¿Por qué siempre estropeo todo?» es tan amplia que cuesta saber por dónde empezar. «¿Hay algo que quiera aclarar de esa conversación?» permite mirar una situación concreta.

Si aparece una acción, define cuál y cuándo tendría sentido hacerla. Puede ser pedir información o reconocer algo que sí dijiste y quieres reparar. No hace falta hacerlo a medianoche ni enviar una cadena de mensajes para aliviar la urgencia del momento.

Si no hay información nueva ni un paso útil, quizá ya estás repitiendo la revisión. Puedes reconocerlo y volver a lo que habías elegido hacer, aun con algo de duda. No se trata de obligarte a pensar en blanco. La idea puede reaparecer sin que tengas que reiniciar todo el análisis.

Estas preguntas son una orientación para observar lo que pasa. Si se convierten en otro interrogatorio interminable, déjalas y llévalo a consulta. También se puede trabajar esa forma de intentar hacer cada ejercicio sin un solo fallo.

La noche no es un buen momento para resolver toda tu vida

Cuando has pasado el día ocupado, acostarte puede ser el primer rato sin demandas de fuera. Es entonces cuando notas cuánto seguías repasando por dentro. La preocupación y la rumiación pueden acompañarse de dificultades de sueño. [1]

Si hay algo pendiente que de verdad necesita una decisión, puedes apuntar brevemente qué es y cuándo lo revisarás. Es distinto de escribir durante una hora para comprobar que no olvidas ninguna posibilidad. Mira si la nota te permite dejar el asunto por ahora o si está prolongando el repaso.

No uses esa propuesta como una condición para dormir bien esta noche. Si el sueño lleva tiempo alterado, habrá que valorarlo por sí mismo, junto con horarios, salud y otros factores. Este artículo no sustituye esa evaluación.

Qué puede cambiar en terapia

Podéis empezar por una secuencia pequeña: aparece una duda, haces algo para resolverla y observas qué ocurre después. También por los asuntos reales que están quedando sin hablar mientras los repasas a solas.

La meta tendrá que parecerse a algo que tú quieras recuperar. Estar en una conversación sin dedicar después toda la noche a corregirla. Poder decidir con información suficiente, aunque nunca sea completa. Volver a descansar sin exigirte entenderlo absolutamente todo antes.

En QAM puedes consultar la terapia clínica para hombres gays, online en España y presencial en Valencia. No necesitas llegar con una explicación cerrada. Si llevas mucho tiempo intentando encontrarla tú solo, podemos empezar por ahí.

Referencias

Boothby, E. J., Cooney, G., Sandstrom, G. M., & Clark, M. S. (2018). The liking gap in conversations: Do people like us more than we think? Psychological Science, 29(11), 1742–1756. https://doi.org/10.1177/0956797618783714

Meyer, I. H. (2003). Prejudice, social stress, and mental health in lesbian, gay, and bisexual populations: Conceptual issues and research evidence. Psychological Bulletin, 129(5), 674–697. https://doi.org/10.1037/0033-2909.129.5.674

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Un hombre conversa con un psicólogo en una consulta, junto a una mesa con papel y una libreta fucsia

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