Cumples con todo, pero llevas tiempo sin encontrarte bien
Llegas al trabajo, respondes, haces lo que toca. Si alguien suelta una tontería, hasta te ríes. Luego vuelves a casa y te quedas un rato sentado sin quitarte del todo la ropa de la calle. Tienes hambre, pero decidir qué cenar parece un esfuerzo absurdo. Un amigo te escribe y piensas que le contestarás después.
Desde fuera, el día ha salido bien. Tú llevas semanas esperando que termine.

Cuando se habla de depresión en hombres gays, también hace falta hablar de lo que cuesta sostener una vida que todavía parece funcionar. Seguir trabajando o hacer algún plan cuenta una parte de cómo estás. Queda por saber cuánto disfrutas, qué has dejado de hacer y con qué fuerzas llegas a lo que nadie te exige.
«Si puedo con el trabajo, ¿por qué no puedo con esto?»
Imagina que puedes participar en una reunión que empieza a las nueve y, por la tarde, no encuentras cómo empezar una compra sencilla. Es fácil convertir esa diferencia en un reproche: «Para unas cosas sí puedes».
Pero una reunión tiene hora, personas que esperan y consecuencias claras si no apareces. La compra exige decidir, organizarte y arrancar por tu cuenta cuando quizá ya estás agotado. Hacer ambas cosas requiere condiciones distintas. Conviene averiguar qué te ayuda en una y qué te falta en la otra.
No sirve para concluir que tienes depresión. Tampoco para descartarla. Puede haber cansancio, sobrecarga, una pérdida reciente, un problema de salud u otras dificultades. Saberlo requiere una valoración que mire el conjunto y cómo has ido cambiando.
Si llevas tiempo quitándole importancia porque todavía cumples con tus obligaciones, puedes empezar consultando precisamente por esa diferencia.
Cuando lo que antes apetecía se vuelve otra obligación
Quizá sigues quedando, pero estás deseando volver. O has dejado de proponer planes porque todo parece demasiado complicado. Prepararte algo que te gusta, poner música o llamar a alguien ya no te sale como antes. Lo notas y encima te enfadas contigo.
El ánimo bajo, la pérdida de interés, la falta de energía y los cambios en sueño, apetito o concentración pueden formar parte de una depresión. Para valorarlos importa su duración, intensidad e impacto. Una tarde mala o no disfrutar de un plan no bastan para diagnosticarla. [1]
Una pregunta más útil que «¿estoy suficientemente mal?» es «¿qué está cambiando desde hace un tiempo?». Puedes fijarte en tu descanso, en cómo comes, en la facilidad para empezar cosas o en si queda algún rato que disfrutes. También en el esfuerzo que necesitas para parecer el de siempre.
Y si un día te lo pasas bien, no hace falta utilizarlo contra ti. Ese rato merece contarse en consulta, igual que los difíciles. La valoración necesita conocer ambos.
¿Qué tiene que ver con que seas gay?
Depende de tu historia. Quizá atraviesas una ruptura que en tu familia tratan como si fuera una amistad que has perdido. O estás cansado de tener que decidir a quién puedes contarle lo que te pasa. Una atención que ignore eso se estaría dejando algo importante fuera (Ronzón-Tirado et al., 2023).
También puede ocurrir que tus amigos gays o tu pareja sean precisamente quienes más te sostienen. O que el mayor problema ahora sea económico, laboral o de salud. No deberías pasar media sesión justificando tu vida afectiva antes de poder hablar de lo que te duele (Domínguez-Fuentes et al., 2012).
Y nadie necesita convertir salir más por el ambiente, encontrar pareja o tener más sexo en tu plan de recuperación. Interesa saber qué echas de menos tú. Tal vez sea disfrutar de cocinar, volver a ver a un amigo sin fingir o tener una tarde sin la sensación de estar incumpliendo algo.
Añadir una lista de hábitos puede dejarte más agotado
Seguro que ya has oído que salgas, hagas ejercicio y te organices. Puede que hayas intentado empezar un lunes con todo. El miércoles no llegas a una de las cosas y vuelves a sentir que lo estás haciendo fatal.
Antes de añadir deberes, conviene mirar qué está impidiendo empezar. ¿Falta energía? ¿Hay dolor o sueño insuficiente? ¿Te han propuesto algo que no te interesa? ¿Necesitarías compañía o una hora concreta? Incluso una acción pequeña puede atascarse. Hacerla más pequeña otra vez no siempre resuelve el problema.
Por ejemplo, «retoma tu vida social» dice poco sobre cómo hacerlo un día difícil. Hablar con alguien de confianza para acordar un encuentro que sí te apetezca da más información. Después se revisa qué ocurrió, incluido si no pudiste ir. La respuesta no debería ser una bronca ni una conclusión automática sobre tus ganas de mejorar.
Qué contar en una primera consulta
No hace falta ordenar toda tu historia. Puedes llevar tres cosas: desde cuándo te encuentras así, qué ha cambiado y qué te está costando más. Si lo único que sabes decir es «estoy cumpliendo, pero no estoy bien», también sirve para empezar.
La valoración puede incluir salud física, descanso, medicación y otros factores que se parecen a la depresión o conviven con ella. El tratamiento se decide según las necesidades de cada persona y puede incluir atención psicológica, médica o ambas. [1]
En terapia conviene acordar qué quieres recuperar y revisar si lo que hacéis te está ayudando. Seguir acudiendo o completar tareas no cuenta por sí solo toda la evolución. También interesa cómo estás viviendo tus días y qué apoyos necesitas fuera de la consulta.
Pedir ayuda antes de dejar de poder
Si el desánimo o la pérdida de interés persisten, te preocupan o están limitando tu vida, consulta. No tienes que esperar a faltar al trabajo ni comparar tu malestar con el de nadie.
En QAM puedes conocer la terapia clínica para hombres gays, online en España y presencial en Valencia. Puedes preguntar aunque todavía no sepas qué nombre ponerle a lo que te pasa.
Si aparecen pensamientos de suicidio, pide ayuda cuanto antes. En España, el 024 ofrece atención gratuita y confidencial las 24 horas. Ante peligro inmediato, llama al 112. El 024 no sustituye la atención sanitaria que necesites.
Referencias
Ronzón-Tirado, R., Charak, R., & Cano-González, I. (2023). Daily heterosexist experiences in LGBTQ+ adults from Spain: Measurement, prevalence, and clinical implications. Psychosocial Intervention, 32(1), 1–10. https://doi.org/10.5093/pi2022a15
Domínguez-Fuentes, J. M., Hombrados-Mendieta, M. I., & García-Leiva, P. (2012). Social support and life satisfaction among gay men in Spain. Journal of Homosexuality, 59(2), 241–255. https://doi.org/10.1080/00918369.2012.648879
