Quiero ir al psicólogo, pero no pasarme la sesión explicando mi vida gay
Llevas un rato mirando la web de un psicólogo. La foto te da buena impresión. Lees cómo trabaja y llegas al formulario. Entonces empiezas a pensar en todo lo que tendrías que explicar antes de llegar a lo que te pasa.
Que cuando dices «mi ex» hablas de un hombre. Que conocer a alguien por una aplicación no resume tu vida sexual. Que tu relación no funciona necesariamente como él imagina. Y que quizá quieres hablar de ansiedad, de trabajo o de soledad, sin que todo acabe convertido en una explicación sobre ser gay.

Si ya has pasado una sesión corrigiendo suposiciones, es comprensible que te dé pereza empezar de nuevo. Si nunca has ido, quizá ese miedo te esté frenando antes de escribir. Una primera sesión de terapia afirmativa gay debería permitirte hablar de lo que necesitas y comprobar cómo responde el profesional.
Qué significa que una terapia sea afirmativa
Una práctica afirmativa reconoce la diversidad sexual y busca trabajar con conocimiento de las experiencias de las minorías sexuales, sin patologizar sus afectos o conductas por la orientación de la persona. Ese es parte del marco recogido por la APA [1]. La declaración de IPsyNet rechaza los tratamientos dirigidos a cambiar la orientación sexual [2] (American Psychological Association, 2021).
En una sesión, esos principios deberían notarse en las preguntas. El psicólogo puede interesarse por cómo te afecta el rechazo, pero también tiene que escuchar si le dices que el problema va por otro lado. Puede conocer realidades habituales entre hombres gays sin asumir que forman parte de tu vida (Burger & Pachankis, 2024).
Por ejemplo, si explicas que estás mal después de una cita, hay muchas cosas que preguntar antes de concluir que te avergüenza ser gay. Qué pasó, qué querías, qué hiciste y qué te preocupa ahora. Una explicación que suena razonable puede ser equivocada para ti.
Si buscas un espacio donde poder hablar de esto, puedes conocer el servicio de terapia afirmativa de Querido Amigo Marica.
No hace falta llegar con una historia ordenada
Puedes empezar por el momento que te llevó a pedir cita. Quizá fue una noche sin dormir. Una discusión. O el cansancio de llevar meses diciendo que ya buscarás ayuda.
«No sé muy bien cómo contarlo» también sirve para empezar. El profesional puede ayudarte con preguntas y volver sobre lo que quede confuso. No necesitas preparar una presentación de tu vida ni decidir por tu cuenta si lo que te pasa es ansiedad, baja autoestima o algo más.
Una primera conversación puede recorrer lo que te preocupa ahora, desde cuándo ocurre, qué has intentado y cómo afecta a tu día a día. También habrá asuntos prácticos que aclarar: cómo se trabaja, cuánto duran las sesiones, honorarios y qué puedes esperar del proceso. Antes de compartir información que te resulte especialmente delicada, puedes preguntar cómo se maneja la confidencialidad y cuáles son sus límites.
Tampoco tienes que dar todos los detalles de tu sexualidad el primer día. Puedes preguntar para qué se necesita una información o decir que prefieres volver a ella más adelante. Si algo resulta relevante para atenderte, el psicólogo debería poder explicarte por qué lo pregunta.
Entender tu mundo sin dar por hecho que ya te conoce
Es razonable que quieras hablar con alguien que conozca la vida de los hombres gays. También puedes preferir un psicólogo hombre porque te resulte más fácil tratar ciertos temas. Esa preferencia se puede tener en cuenta al buscar atención.
La orientación del profesional, por sí sola, no te dice cómo va a trabajar. Conviene fijarse en su formación, su experiencia con el motivo por el que consultas y su manera de escucharte. Compartir una referencia cultural puede facilitar una conversación. Sigue haciendo falta que pregunte cómo es tu caso.
Antes de empezar, puedes plantear preguntas sencillas:
- «¿Tienes experiencia trabajando con el problema por el que quiero consultar?»
- «¿Cómo decidiríamos qué trabajar y cómo sabríamos si está ayudando?»
- «Si una explicación o una tarea no encaja conmigo, ¿podemos revisarla?»
No necesitas examinar al psicólogo ni saber terminología clínica. Estás intentando averiguar si ese espacio puede servirte. La forma en que responde a tus dudas ya te da información.
En la página del servicio puedes conocer nuestra propuesta y valorar si tiene sentido para lo que buscas.
Poder decir «eso no me pasa así»
Imagina que estás contando una discusión y el psicólogo propone una explicación que no reconoces. Quizá habla de miedo al rechazo y tú estás intentando decir que te enfadó que no respetaran un acuerdo. Poder aclararlo cambia la conversación.
No tienes que asentir para ser un buen paciente. Un profesional puede equivocarse, preguntar de nuevo y modificar lo que había entendido. Sería preocupante que cualquier desacuerdo se utilizara para confirmar que «todavía no quieres verlo».
Lo mismo ocurre con las propuestas entre sesiones. Si te pide observar una situación y acabas sintiéndote examinado todo el día, conviene hablarlo. Si no hiciste algo porque la ocasión no se dio, también. Hay que saber qué pasó antes de concluir que te faltan ganas.
La terapia puede tener momentos incómodos. Hablar de algo que has evitado durante años puede removerte. Pero deberías poder preguntar para qué se está trabajando un tema, expresar que una propuesta te supera y participar en el ajuste. La incomodidad no justifica cualquier trato.
Con qué puedes salir de la primera sesión
Puede que salgas aliviado por haber hablado. Puede que estés cansado o que sigas con dudas. Una primera sesión no permite prometer cómo irá todo el proceso.
Sí puedes valorar cosas concretas. ¿Has podido explicar por qué acudías? ¿Han preguntado antes de sacar conclusiones? ¿Sabes cuál sería el siguiente paso? Si algo quedó confuso, puedes pedir que lo aclaren. Y si consultas por un problema que requiere atención especializada, como determinadas dificultades sexuales o de consumo, puedes preguntar si ese profesional tiene la preparación necesaria para atenderlo.
Para escribir a un psicólogo no hace falta resolver todo esto de antemano. Basta con explicar brevemente qué te preocupa y qué necesitas saber antes de empezar. Quizá llevas meses buscando una manera impecable de pedir ayuda. Un «me está costando esto y quiero hablarlo» puede abrir la conversación.
Referencias
American Psychological Association. (2021). Guidelines for psychological practice with sexual minority persons. https://www.apa.org/pi/lgbt/resources/guidelines
Burger, J. P., & Pachankis, J. E. (2024). State of the science: LGBTQ-affirmative psychotherapy. Behavior Therapy, 55(6), 1318–1334. https://doi.org/10.1016/j.beth.2024.02.011
