Abres la app para mirar y acabas otra vez buscando una sesión
Entras para mirar. Ni siquiera has decidido quedar. Pasas unos perfiles, contestas un mensaje y aparece alguien con quien ya estuviste en un chill.
Un rato después estás preguntando si hay plan. La cena sigue sin hacer y empiezas a calcular cuánto tardarías en llegar.

Si te reconoces en algo parecido, quizá lo que más rabia te da es pensar que ya lo sabías. Habías prometido no meterte ahí. Pero entre «voy a mirar» y «voy para allá» han ocurrido varias cosas. Entenderlas puede darte más información que repetir que tienes que usar menos el móvil.
Entrar a una app para tener sexo no significa que estés buscando chemsex
Puedes entrar en MachoBB, Grindr o cualquier otra app simplemente porque te apetece hablar con alguien, mirar quién está conectado o quedar para follar. Cuando además has utilizado esas mismas apps para organizar sesiones de chemsex, a veces las dos cosas empiezan a mezclarse: entras buscando sexo y, en algún punto de la conversación, aparece la posibilidad de consumir.
Ahí puede ser útil fijarse en cómo ocurre esa transición. Qué estabas buscando cuando abriste la app, qué conversación hizo que aumentaran las ganas, qué señales reconoces de otras veces o en qué momento empezaste a organizar un plan diferente del que tenías unos minutos antes.
Si las apps se han convertido en una vía por la que vuelves al chemsex cuando habías decidido cambiarlo, podemos revisar esa secuencia en terapia. No hace falta esperar a la siguiente sesión de consumo para empezar.
Imagina algo bastante cotidiano: abres la app mientras esperas la cena, encuentras a alguien que ya conoces y empezáis a hablar. La conversación va subiendo de tono, aparece la posibilidad de quedar y la cena acaba quedándose en la cocina. Lo interesante está en reconstruir qué ocurrió entre una cosa y la siguiente: qué buscabas al entrar, qué apareció en esa conversación y en qué momento cambió el plan que tenías para esa noche.
¿En qué momento cambió el plan?
Puede que entres buscando sexo sin sustancias y un mensaje te lleve a considerar una sesión. También puede que ya tuvieras ganas de consumir antes de abrir la app, aunque todavía te estuvieras diciendo que solo ibas a curiosear.
No son la misma situación. Si damos por hecho que siempre te engañas, dejamos de escuchar cuándo y cómo cambia de verdad tu intención.
Imagina un ejemplo: abres la app mientras esperas la cena, ves un perfil conocido, retomáis una conversación y acabas dejando la comida para después. Podemos mirar esos pasos sin convertirlos en un juicio. ¿Qué esperabas encontrar al entrar? ¿Qué cambió al ver a ese hombre? ¿Cuándo empezaste a organizarte para salir?
No hace falta recopilar todos tus mensajes ni entregar el teléfono en consulta. Puedes contar la secuencia con tus palabras. Nos interesa localizar los momentos en los que todavía podías hacer otra cosa y qué te lo puso difícil.
Borrar una app puede ayudar. Hay que ver qué ocurre después
Quizá has desinstalado Grindr más de una vez. Los primeros días desconectas un poco y te sientes aliviado. Después vuelves a instalarlo, buscas un contacto por otra vía o pasas la tarde pensando en lo que habrá disponible.
Eso no demuestra que retirarlo fuera inútil. Tampoco que retirarlo haya resuelto el problema. Permite preguntar qué cambió y qué seguía estando ahí.
Si una barrera digital forma parte del plan, conviene revisar si de verdad dificulta la búsqueda, en qué momentos deja de hacerlo y qué apoyo necesitas entonces. Añadir restricciones sin hablar de lo que buscas puede dejarte a solas con las mismas ganas.
Y si esa app era también tu principal forma de conocer hombres, habrá que tenerlo en cuenta. Un plan que te deja aislado necesita revisión. No significa que tengas que reinstalarla ni exponerte por tu cuenta a perfiles que te acercan al consumo. Significa que también hay que trabajar cómo quieres relacionarte fuera de ese recorrido.
Qué te ofrece esa conversación justo ahora
Tal vez llevas una tarde aburrida y de pronto alguien parece muy interesado en ti. Tal vez te excita la posibilidad de encontrarte con ese chico. O tal vez estabas pasando un buen día y el plan te resulta atractivo sin que haya una emoción dolorosa detrás (Íncera-Fernández et al., 2023).
Conviene preguntar por todo eso. Si solo hablamos del móvil, se nos puede escapar qué hace que esa conversación pese tanto en ese momento.
También importa qué pierdes de vista mientras sigues escribiendo. Una cita que habías preparado, las ganas de descansar o el objetivo que elegiste al empezar terapia. No desaparecen de tu vida, pero quizá durante un rato dejan de influir en lo que haces.
Podemos trabajar cómo tenerlos presentes antes de que toda la tarde empiece a organizarse alrededor de una sesión. Eso exige algo más personal que una lista de actividades para distraerte.
Prepara un punto concreto para pedir apoyo
«Si me encuentro mal, ya llamaré» puede llegar después del momento en el que necesitabas ayuda. Quizá tu señal más útil no es sentirte fatal, sino verte buscando perfiles que asocias a consumo o dejando un plan para poder ir a una sesión.
Con un profesional puedes acordar qué harás cuando detectes ese paso. Por ejemplo, interrumpir la búsqueda y contactar con alguien con quien hayas preparado un apoyo concreto. Habrá que saber si esa persona está disponible y qué alternativa tienes si no puede responder.
No es una prueba de fuerza de voluntad. Si vuelves a abrir la conversación, interesa conocer qué ocurrió. Y si intentas hacer una pausa y no te sirve, ese resultado también tiene que poder entrar en consulta. Un plan se ajusta con lo que pasa, no con lo bien que queda escrito.
Cuando estar cachondo también empieza a darte miedo
Después de varios episodios de chemsex puede aparecer una situación bastante incómoda: tener ganas de sexo y, al mismo tiempo, preocuparte por lo que puede ocurrir si abres una app o empiezas a hablar con alguien.
Entonces el problema puede extenderse más allá del consumo. Puedes acabar evitando conectarte, quedar o incluso explorar tu deseo porque no tienes claro si podrás mantener el encuentro dentro de lo que querías hacer. Trabajar el chemsex también puede implicar recuperar margen para acercarte al sexo sin que cada momento de excitación termine convertido en una pelea contigo mismo.
A veces eso supone revisar qué situaciones facilitan que una conversación termine en consumo, introducir cambios en el acceso, aprender a pedir apoyo antes de que la cadena esté muy avanzada y, sobre todo, hablar del sexo que quieres conservar o recuperar. El placer también forma parte de ese trabajo.
En QAM atendemos el chemsex online desde España y presencialmente en Valencia. Puedes empezar contando una secuencia tan corriente como la del principio: «Entré a mirar y cuando me di cuenta ya me estaba liando».
Referencias
Guerras, J.-M., Hoyos, J., Agustí, C., Casabona, J., Sordo, L., Pulido, J., de la Fuente, L., Belza, M.-J., & Euro HIV EDAT Working Group. (2022). Substance use in sexual context among Spanish resident men who have sex with men. Adicciones, 34(1), 37–50. https://doi.org/10.20882/adicciones.1371
Íncera-Fernández, D., Román, F. J., Moreno-Guillén, S., & Gámez-Guadix, M. (2023). Understanding sexualized drug use: Substances, reasons, consequences, and self-perceptions among men who have sex with other men in Spain. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(3), 2751. https://doi.org/10.3390/ijerph20032751
